El asombroso mundo oculto de un gran evento

Estamos a días de empezar un nuevo Mundial de fútbol. Y los paises anfitriones ya estan engalanados para ello. Hoy verermos, el asombroso mundo oculto de un gran evento.
Solemos recordar momentos deportivos concretos. Un gol imposible, una carrera histórica o una ceremonia de inauguración espectacular. Sin embargo, antes de que ocurra nada de eso, ya hemos empezado a vivir el evento. Años antes de que se encienda la llama olímpica o ruede el primer balón, ya vemos cual será su cara visible.
Lo hacemos a través de los colores, los carteles, las mascotas, la tipografía y todos esos elementos visuales que aparecen El asombroso mundo oculto de un gran evento se empieza a construir justo despues de que una o varias ciudades sean designadas sedes.
Y el dato curioso es, que casi nadie se pregunta como se crea todo eso… bueno en Mac Disenys Studio si. Pero eso es porque somo «frikis» y «raritos».
Porque la identidad visual de un gran evento deportivo no aparece de la nada. No es que alguien se siente una tarde, dibuje un logo y diga: “Perfecto, ya está”. En realidad, detrás hay un proceso enorme que mezcla diseño, estrategia, cultura, historia y una cantidad considerable de reuniones interminables.
La primera pregunta: ¿qué historia queremos contar?
Todo suele empezar con una idea bastante sencilla. Antes de dibujar nada, los organizadores necesitan responder a una pregunta fundamental: ¿qué queremos que el mundo sienta cuando vea este evento?
Parece una cuestión muy filosófica para algo que terminará estampado en camisetas y vallas publicitarias, pero es precisamente el punto de partida.
Imaginemos unos Juegos Olímpicos organizados por una ciudad con una gran tradición cultural. Quizá quieran transmitir creatividad, apertura y modernidad. Si hablamos de un Mundial celebrado en varios países, tal vez el objetivo sea reflejar diversidad y unión. La identidad visual tiene que convertir esas ideas abstractas en algo que pueda verse de un vistazo.
Es parecido a cuando alguien decora su casa. Los muebles, los colores de las paredes o la iluminación no son decisiones aisladas. Todo contribuye a crear una sensación determinada. Con los grandes eventos sucede exactamente lo mismo, pero a una escala gigantesca.
La investigación que nadie ve
Una vez definida la dirección general, comienza una fase bastante menos glamourosa de lo que muchos imaginan. Los equipos de diseño investigan la cultura local, la historia del país anfitrión, sus símbolos, su arquitectura, su arte popular e incluso los patrones gráficos que forman parte de la vida cotidiana.
No se trata de llenar el logo de monumentos famosos o banderas. De hecho, eso suele evitarse porque puede resultar demasiado obvio. Lo que buscan es algo más profundo: elementos que representen la personalidad del lugar sin necesidad de explicarlos.
Por eso, cuando vemos una identidad visual bien construida, muchas veces sentimos que “encaja” con el país anfitrión aunque no sepamos exactamente por qué.
Es como conocer a una persona que tiene un estilo muy definido. No hace falta que te explique quién es; lo percibes de manera natural.
El momento de convertir ideas en imágenes
Llega entonces la parte más visible del proceso. Los diseñadores empiezan a crear propuestas visuales. Aparecen decenas, a veces cientos, de bocetos que exploran diferentes caminos.
Algunas ideas son muy atrevidas y otras más conservadoras. Hay conceptos que parecen brillantes sobre el papel pero que se derrumban en cuanto se prueban en situaciones reales. Porque una identidad visual para un Mundial o unos Juegos Olímpicos tiene un problema bastante particular: debe funcionar prácticamente en cualquier lugar.
Tiene que verse bien en una pantalla gigante de un estadio, en una aplicación móvil, en una entrada digital, en una camiseta, en una taza de recuerdo y hasta en una señal colocada a varios metros de distancia.
Lo que parece sencillo en un ordenador puede convertirse en un auténtico desastre cuando se multiplica por millones de aplicaciones distintas.
El logo es solo el principio
Existe la idea de que la identidad visual de un evento es básicamente su logo. En realidad, el logo es apenas una pequeña parte de un sistema mucho más amplio.
Una vez aprobado, empieza el verdadero trabajo. Hay que definir colores oficiales, tipografías, estilos fotográficos, iconografía, animaciones, señalética, elementos decorativos y un largo etcétera.
Todo debe hablar el mismo idioma visual.

Por eso, las acreditaciones, los marcadores, los autobuses oficiales… o los carteles del estadio parecen formar parte de una misma familia. No es casualidad. Es el resultado de una enorme coordinación para que cualquier elemento sea reconocible al instante.
El reto de gustar a medio planeta
Aquí aparece una dificultad que no tienen la mayoría de las marcas comerciales. Un Mundial o unas Olimpiadas no se dirigen a un país concreto ni a un grupo específico de consumidores.
Se dirigen al planeta entero.
Eso obliga a encontrar un equilibrio complicado. La identidad debe reflejar la cultura local, pero también ser comprensible para personas de contextos muy diferentes. Debe resultar moderna sin parecer pasajera. Debe ser distintiva sin caer en extravagancias imposibles de aplicar.
Y, por supuesto, tiene que sobrevivir a internet.
Porque hoy cualquier diseño es analizado, criticado, convertido en meme y discutido en redes sociales apenas unos minutos después de presentarse.
Cuando la identidad empieza a cobrar vida
Hay un momento especialmente interesante en todo este proceso. Es cuando la identidad deja de ser una presentación de diseño y empieza a ocupar espacios reales.
Los colores aparecen en las calles. Los voluntarios reciben sus uniformes. Los estadios se decoran. Las campañas publicitarias comienzan a difundirse.
Es entonces cuando la gente empieza a asociar visualmente el evento con una emoción concreta.
De repente, un simple color o una forma determinada ya no son solo elementos gráficos. Se convierten en símbolos de expectativa. Anuncian que algo importante está a punto de suceder.
Lo que queda del asombroso mundo oculto de un gran evento
Quizá lo más fascinante de la identidad visual de un Mundial o de unos Juegos Olímpicos es que muchas veces sobrevive más que las propias competiciones.
Años después, es posible que olvidemos algunos resultados deportivos, pero seguimos reconociendo ciertos logos, Ciertas mascotas o determinadas combinaciones de colores permanecen en la memoria colectiva.
Por que?, porque fueron capaces de capturar el espíritu de un momento concreto. Un caso muy especial fueron las olimpiadas de Barcelona ´92.

Al final, construir la identidad visual de un gran evento deportivo consiste precisamente en eso. Transformar una idea gigantesca en algo que millones de personas puedan reconocer, compartir y recordar.
No se trata simplemente de diseñar gráficos atractivos. Se trata de crear el rostro visual de una experiencia que, durante unas semanas… consigue que gran parte del mundo mire en la misma dirección.
Espero que os haya gustado este post y que disfruteis del mundial y que gane el mejor o España, jajaja. Por cierto desde donde nos leeis? Qué selección crees que va a ganar? Prometo contestar a todos los que comenten.