Cuando algo es realmente bueno es un valor seguro

El éxito de una marca o producto tiene varios factores a tener en cuenta. Pero cuando algo es realmente bueno es un valor seguro. Puedes tener la mejor identidad gráfica y un mal producto…. fracaso.
Quizás tengas un producto exquisito pero nula visibilidad…. fracaso tambien. Pero cuando se unen estos dos conceptos, nada ni nadie puede tumbarlos. Hoy vamos a ver como estos dos conceptos se unieron con éxito en una marca y un producto.
Es una identidad visual (bastante) simple y poco rediseñada a lo largo del tiempo. Pero tener un producto excelente, hizo que esa identidad quedara asociada para siempre. Por algún motivo que no alcanzo a comprender, su presencia impulsa marcas o productos. El murciélago a elevado al estatus de icono a algunas marcas o productos.
A bote pronto me viene a la cabeza (y seguro que a vosotros tambien….) el mundialmente famoso Batman, el escudo del Valencia CF o …. nuestro protagonista de hoy, el ron Bacardí.
De donde viene y por que
Los anteriormente mencionados tienen en común un protagonista principal, el murciélago. De Batman todos conocemos su historia y del Valencia CF….. bueno lo dejaremos para otra ocasión.
Pero y Bacardí? porque una bebida adoptó un murciélago como símbolo principal?. La historia de Don Facundo Bacardí Massó esta bien documentada, por lo que la saltaremos en esta ocasión. Lo que ya no es tan conocido es el hecho de su iconico murciélago como marca visual de su producto.
Imagina por un momento, caminar por una bodega antigua, donde las paredes transpiran humedad, fermento y tiempo. En una esquina, un murciélago rojo que parece solo observar. Ese animal —que en la vida real solo cuelga en silencio— se convierte aquí en el narrador perfecto del branding de Bacardí.
Las historias, no sobreviven porque existan, sino porque conectan. Y Bacardí entendió esto mucho antes de que existiera la palabra “branding”.

El murciélago no nació como logo: nació como un gesto práctico. Un símbolo para quienes no sabían leer.
Pero en marketing, lo práctico suele convertirse en mágico cuando se hace bien.
La imagen del murciélago ofrecía algo que los demás rones no tenían, misterio, personalidad y significado cultural. De pronto, pedir un ron en un bar no era solo pedir un ron, era pedir el del murciélago. La marca logró lo que muchas buscan y pocas consiguen, hacerse parte del lenguaje cotidiano.
Construcción de una identidad coherente
A medida que Bacardí crecía, el murciélago iba con él. No se quedó en la etiqueta: estaba en los barriles, en la papelería, en los anuncios, en los carteles de las bodegas. Siempre presente, siempre reconocible, un valor seguro.
Esa repetición creó un fenómeno que hoy sería explicado en términos de “consistencia de marca”, “equidad visual”, “memoria colectiva”… pero en esencia fue algo simple, la gente aprendió a confiar en lo que reconocía.
En un mercado lleno de rones sin personalidad visual, Bacardí se volvió el ron con un alma propia.
Las marcas que cuentan historias duran más. Bacardí no solo vendía ron, vendía tradición, familia, resistencia y aventura.
El murciélago representaba buena suerte para los españoles, prosperidad para los cubanos y longevidad para varias culturas antiguas. Esa mezcla convirtió el logo en un amuleto emocional, un símbolo que trascendía la botella. Además la esposa de Don Facundo, Doña Amalia Moreau se dió cuenta de algo importante.
En aquella época, no todos sabían leer, por lo que un símbolo reconocible ayudaba a identificar la marca. Los murciélagos eran comunes en Cuba y un icono asociado a ellos resultaba memorable.
En marketing, esto tiene un nombre muy actual, storytelling de marca. Pero Bacardí lo hacía sin teorías, sólo con intuición y coherencia cultural.
El murciélago no ha tenido rediseño muy agresivos, hacia 1959 se optó por una ilustración dejando atrás el realismo. Se eligió el negro y dorado con el fondo rojo. En 2010 fue el último rediseño con ilustración, en la cual cambiaron la vista a la derecha. Con este sutil cambio se buscaba representar optimismo y progreso.

En 2013 se volvió a los orígenes con un murciélago más realista, eso sí, siempre con su iconico circulo rojo de fondo
Cuando algo es realmente bueno es un valor seguro
Durante la Revolución Cubana y la posterior confiscación de la destilería por el Estado, el murciélago actuó como pasaporte.
No importaba el idioma, no importaba el país, el símbolo hablaba solo. Mientras otras marcas necesitaban campañas complejas para entrar a nuevos mercados…. Bacardí entraba con una imagen que despertaba curiosidad, cercanía y recuerdo.
Era un logo memorable en un mundo donde casi ningún alcohol tenía símbolos tan potentes. Y aquí está la clave de marketing, el murciélago no era solo un logo, era un relato visual instantáneo.
Con el paso de las décadas, Bacardí entendió que para mantener viva su identidad tenía que convertir su símbolo en experiencia. El murciélago dejó de ser un animal colgado del techo de una bodega para convertirse en un ícono estampado en camisetas, vasos, escenarios y carteles nocturnos.
Bacardí logró algo que pocas marcas de alcohol consiguen, que su logo se vuelva parte de la cultura popular sin perder su historia.
Conclusión
En términos de marketing se podría decir que Bacardí:
- definió un posicionamiento emocional claro,
- construyó equidad de marca,
- creó un símbolo de fácil recuerdo,
- y desarrolló consistencia visual global.
Pero narrativamente la historia es más simple. Bacardí convirtió un murciélago (un animal nocturno, misterioso y mal comprendido…) en un embajador encantador que viajó por el mundo llevando consigo un sabor, una familia y un origen.
Y así, botella tras botella, generación tras generación, el murciélago aprendió a volar más alto que un logo.
Se convirtió en un mito. Por que, cuando algo es realmente bueno es un valor seguro.
Gracias por vuestra fidelidad y tiempo, nos vemos en próximos post de historia y marcas.