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Hoy quiero contaros una historia, que a los diseñadores puros, quizas no les diga nada. Pero si ademas de diseñar, os dedicais a la rotulación…. os interesa. La verdad sobre los colores en la vida real.

En el taller, a primera hora de la mañana, la luz entra de lado y lo cambia todo. Donde ayer veías un rojo intenso, hoy aparece un matiz más apagado, casi terroso. Es en ese momento, café en mano, cuando vuelve la misma conversación de siempre. “Pero si este color era el mismo RAL que me enseñaste”.

Y ahí empieza la historia (una más) sobre la complicada relación entre los colores RAL, PANTONE® y el vinilo de corte. Sobre el papel, todo parece sencillo. Un cliente pide un RAL 3020, un PANTONE® 186 C o “un rojo Ferrari”. Los sistemas de color prometen orden, precisión, un lenguaje común.

Son como diccionarios cromáticos que, en teoría, deberían evitar malentendidos. Pero en cuanto el color salta de la carta impresa al mundo físico…. (un vinilo, una pared, un rótulo bajo el sol), la teoría empieza a tambalearse.

Las diferencias entre sistemas

RAL nació para estandarizar colores industriales. Pinturas, lacados, señalización. Es robusto, pensado para superficies grandes y condiciones duras.

Por otro lado PANTONE®, viene del mundo de la impresión: tintas, papel, control absoluto en imprenta. Dos universos distintos, con filosofías distintas. El problema surge cuando alguien asume que un color RAL “equivale” a un PANTONE® concreto.

No es que no se parezcan; es que no hablan el mismo idioma. Traducirlos es como pasar poesía de un idioma a otro: puedes acercarte, pero nunca será idéntico.

Luego entra en escena el vinilo de corte, que juega con sus propias reglas. Aquí no hay mezcla de tintas ni formulaciones infinitas. Hay catálogos cerrados, pigmentos específicos, acabados mate o brillo, y fabricantes distintos con resultados distintos.

El rojo de una marca no es el rojo de otra, aunque ambos se llamen igual. Y, por supuesto, ninguno es exactamente el PANTONE® del catálogo ni el RAL del muestrario metálico.

carta RAL y PANTONE®
carta RAL y PANTONE®

La verdad sobre los colores en la vida real

En la vida real, el color no existe solo. Convive con la luz, la textura y el entorno. Un PANTONE® visto en una carta sobre papel estucado, bajo luz controlada, puede verse espectacular. Ese mismo tono, llevado a un vinilo brillante colocado en una fachada orientada al sur, se transforma.

El brillo refleja el cielo, el sol lo quema visualmente y el fondo sobre el que se aplica lo contamina. De pronto, el color “no es el mismo”, aunque técnicamente sea lo más cercano posible. Ahí es donde nacen las frustraciones.

El cliente compara la muestra que tenía en la mano con el rótulo ya instalado y siente que algo no encaja. No siempre sabe explicar qué, pero lo percibe. Y no es culpa de nadie en concreto: es la naturaleza misma del color. Comparar un RAL pintado con un vinilo es comparar materiales distintos. Comparar un PANTONE® impreso con un vinilo es comparar tecnologías distintas. Pretender una coincidencia perfecta es pedirle al color que ignore el mundo físico.

Los profesionales del rotulado y el diseño aprenden esto a base de experiencia… y de algún que otro disgusto. Aprenden a enseñar muestras reales, no solo catálogos. A explicar que “equivalente” no significa “idéntico”. A pedir aprobaciones por escrito y, sobre todo, a gestionar expectativas. Porque el verdadero problema no es técnico, es comunicativo. El color falla menos que las promesas que se hacen sobre él.

carta Avery La verdad sobre los colores en la vida real
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Reflexión final

Hay algo casi humano en todo esto. El color es emocional. Un rojo no es solo un rojo: es una marca, un recuerdo, una identidad. Cuando no coincide, el cliente siente que algo de su idea original se ha perdido. Por eso, aunque hablemos de códigos y sistemas, la conversación debería ser más honesta y más tangible…. ver el vinilo, tocarlo, sacarlo a la calle, mirarlo a distintas horas del día.

Al final, en el taller, con la luz ya más alta, vuelves a mirar ese rojo discutido. No es el PANTONE® exacto, no es el RAL perfecto. Es, simplemente, el mejor rojo posible en ese material, en ese contexto. Y cuando consigues que el cliente entienda eso… (que el color no es una fórmula matemática sino una experiencia), algo se relaja. La comparación deja de ser una pelea y se convierte en una elección consciente.

Porque la problemática de comparar RAL, PANTONE® y vinilo de corte no va solo de colores. Va de aceptar que el mundo real siempre añade matices. Y que, en diseño y rotulación, saber convivir con ellos es tan importante como conocer cualquier catálogo.

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